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¿Da miedo dedicarse al Derecho Penal?

Qué supone el Derecho Penal más allá del juicio: escuchar sin juzgar, la presunción de inocencia y dar información honesta en lugar de promesas.

Defender sin juzgar: el derecho de defensa y la presunción de inocencia

Puntos clave
Reflexión de SIMÓ Abogados Penalistas sobre lo que implica dedicarse al Derecho Penal frente a la imagen de comisarías y titulares. Quien llega al despacho suele no haber pisado nunca un juzgado y le preocupa su trabajo, su familia y los próximos días, a veces tras una citación en la que no sabe si es testigo o investigado. La primera tarea es rebajar la ansiedad y escuchar sin juzgar, porque estar investigado no equivale a ser culpable y la presunción de inocencia exige pruebas obtenidas con garantías. La confianza permite contar lo incómodo y construir la estrategia, y la tranquilidad se basa en información honesta sobre opciones y riesgos, no en promesas.
¿Da miedo dedicarse al Derecho Penal?
¿Da miedo dedicarse al Derecho Penal?

Qué hace un abogado penalista más allá del juicio

Existe una idea muy extendida sobre lo que significa dedicarse al Derecho Penal: comisarías, titulares, personas de las que conviene desconfiar. Es la imagen que se percibe desde fuera de la profesión, alimentada por series, noticias y prejuicios que poco tienen que ver con la realidad del despacho.

Esa imagen deja fuera lo esencial. Al otro lado de la mesa no hay un expediente. Hay una persona que, en la mayoría de los casos, nunca había pisado un juzgado y que ahora no sabe qué va a pasar con su vida.

En SIMÓ Abogados Penalistas llevamos años acompañando a personas en el peor momento de su vida jurídica. Y si algo hemos aprendido es esto: lo primero que necesita quien llega a nuestro despacho no es una explicación técnica, sino sentirse comprendido y acompañado.

Entender lo que de verdad preocupa a nuestros clientes

Quien llega a nuestro despacho no suele preguntarse por artículos del Código Penal. Le preocupa si va a perder su trabajo. Si va a tener que contárselo a su familia. Cómo va a afrontar los próximos días.

Muchas veces todo empieza con una citación para declarar que no se entiende del todo: no siempre queda claro si se acude como testigo o como investigado, y esa diferencia cambia por completo lo que está en juego. Nuestra primera labor no es jurídica en sentido estricto: es bajar la ansiedad a un nivel en el que se pueda pensar con claridad.

Por eso no empezamos preguntando por los hechos. Empezamos preguntando cómo está la persona.

Nuestra función no es juzgar, es defender

Es habitual que, antes de contar lo ocurrido, el cliente busque nuestra aprobación. Que necesite saber si le vamos a mirar distinto después de escuchar su versión.

La respuesta es siempre la misma: no. No estamos ahí para juzgar. Estamos ahí para defender sus derechos, con la misma dedicación tenga la razón de sobra o el caso sea complicado.

Esto no es una cuestión de estilo, es una cuestión de principios. Estar investigado o acusado no equivale a ser culpable. La presunción de inocencia exige que cualquier condena se sostenga sobre pruebas suficientes y obtenidas con garantías, no sobre sospechas ni sobre la primera impresión que genere un caso.

Defender a alguien no significa restarle importancia a lo ocurrido, ni ponerse de perfil ante el daño que pueda haberse causado. Significa que la respuesta penal no puede construirse sobre prejuicios, ni siquiera sobre los nuestros.

Escuchar sin prisa forma parte de la estrategia legal

El relato de quien acaba de vivir algo así casi nunca sale ordenado a la primera. Aparecen los hechos mezclados con las preocupaciones, los detalles importantes junto a los que no lo son tanto, y silencios que cuesta romper.

Dejar que ese relato salga con calma, sin prisa por llegar a la parte "relevante", también es parte del trabajo. No como un gesto amable antes de lo importante, sino porque de ahí sale buena parte de la estrategia de defensa.

Esto solo es posible si existe confianza real. Por eso insistimos tanto en la importancia de la confianza entre abogado y cliente: solo con esa confianza alguien se atreve a contar lo incómodo, lo que le avergüenza o lo que cree que le perjudica, y precisamente eso es lo que puede marcar la diferencia en su defensa.

La tranquilidad real se construye con información, no con promesas

Nada tranquiliza más, en un primer momento, que escuchar "no te preocupes, esto no va a ninguna parte". Y nada es más irresponsable que decirlo sin haber estudiado el caso.

Nuestra calma no nace de promesas fáciles, nace de la claridad. De explicar qué se sabe y qué queda por saber. Qué hay que hacer ahora y qué puede esperar. Qué opciones existen realmente y qué riesgo tiene cada una.

A veces eso implica decir que hace falta más tiempo para dar una respuesta. Otras, que la opción que más alivio da a corto plazo no es la que mejor protege a largo plazo. Preferimos esa honestidad a una tranquilidad que se rompe en la siguiente vista.

Trabajamos siempre a favor de sus intereses

Ser penalista no da miedo por defender a quien ha cometido un error, ni por sentarse frente a una acusación grave. Da vértigo, eso sí, la responsabilidad: saber que detrás de cada decisión hay una vida, un trabajo, una familia que espera al otro lado.

Esa responsabilidad se traduce en una sola cosa: trabajar siempre a favor del cliente. No a favor de lo que resulte más cómodo, más rápido o más simple de explicar, sino de lo que mejor defienda sus derechos e intereses en cada momento del procedimiento.

Lo importante no es si da miedo ser penalista. Lo importante es qué supone para alguien enfrentarse a un procedimiento penal solo, sin nadie que escuche sin juzgar y que mire por ti.

En SIMÓ Abogados Penalistas empezamos siempre igual: escuchando tu situación, sin prisa y sin juicios, para después valorar las opciones reales y explicarte los siguientes pasos con honestidad. Si estás atravesando un problema penal, puedes contactar con nuestro equipo y estudiaremos tu caso.

Vídeo de Qué hace un abogado penalista más allá del juicio

¿Da miedo ser abogada penalista? La realidad del día a día en la defensa penal

Leer transcripción completa del vídeo
00:00 - "¿Da miedo ser abogada penalista?"
00:01 - "Hay una pregunta que me hacen constantemente: ¿no te da miedo ser abogada penalista?"
00:05 - "Creo que la gente imagina que paso mis días rodeada de delincuentes, pero la realidad es muy distinta."
00:11 - "Paso mis días rodeada de personas con miedo: miedo a perder su libertad, su trabajo, su familia."
00:15 - "Personas que reciben una llamada y en cuestión de minutos sienten que su vida acaba de cambiar."
00:21 - "Cuando llegan al despacho, muchas veces no llegan hablando, llegan temblando."
00:25 - "No entienden qué está pasando, no saben qué decir y tienen la sensación de que nadie quiere escucharles."
00:30 - "Ahí empieza nuestro trabajo."
00:32 - "No en el juicio, no en una sala llena de abogados. Empieza en ese momento, cuando alguien necesita que mantengas la calma porque él ya no puede hacerlo."
00:40 - "Así que no, ser abogado penalista no consiste en vivir rodeada de miedo. Consiste en entrar con otra persona y ayudarla a encontrar una salida."
00:48 - "Soy Paloma Lobato, abogada de SIMÓ Abogados."